Cuarto domingo de Adviento 2016 – Santa María de la Esperanza

cuarta vela de Adviento

Nota: Este año el cuarto domingo de adviento coincide con la celebración de la Patrona de Logroño, Santa María de la Esperanza. Por ello, a las 12.00 horas se celebrará misa solemne en la Iglesia de Santiago Apostol, seguida de procesión con la Imagen de Nuestra Señora.

Evangelio (Mt 1, 18-24):

El nacimiento de Jesucristo fue de esta manera: María, su madre, estaba desposada con José y, antes de vivir juntos, resultó que ella esperaba un hijo por obra del Espíritu Santo. José, su esposo, que era justo y no quería denunciarla, decidió repudiarla en secreto. Pero, apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo: -«José, hijo de David, no tengas reparo en llevarte a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados». Todo esto sucedió para que se cumpliese lo que había dicho el Señor por el Profeta: «Mirad: la Virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrá por nombre Ernmanuel, que significa “Dios-con-nosotros”». Cuando José se despertó, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor y se llevó a casa a su mujer.

Comentario: Este cuarto domingo de Adviento está ya muy cerca de la santa Navidad, cuando nos reuniremos para celebrar el gran misterio del amor, que nunca termina de sorprendernos. Dios se hizo Hijo del hombre para que nosotros nos convirtiéramos en hijos de Dios. Durante el Adviento, del corazón de la Iglesia se ha elevado con frecuencia una imploración: “Ven, Señor, a visitarnos con tu paz; tu presencia nos llenará de alegría”. La misión evangelizadora de la Iglesia es la respuesta al grito “¡Ven, Señor Jesús!”, que atraviesa toda la historia de la salvación y que sigue brotando de los labios de los creyentes. “¡Ven, Señor, a transformar nuestros corazones, para que en el mundo se difundan la justicia y la paz!”.

No hay nada más hermoso, urgente e importante que volver a dar gratuitamente a los hombres lo que hemos recibido gratuitamente de Dios. No hay nada que nos pueda eximir o dispensar de este exigente y fascinante compromiso. La alegría de la Navidad, que ya experimentamos anticipadamente, al llenarnos de esperanza, nos impulsa al mismo tiempo a anunciar a todos la presencia de Dios en medio de nosotros.

La Virgen María, que no comunicó al mundo una idea, sino a Jesús mismo, el Verbo encarnado, es modelo incomparable de evangelización. Invoquémosla con confianza, para que la Iglesia anuncie también en nuestro tiempo a Cristo Salvador. Que cada cristiano y cada comunidad experimenten la alegría de compartir con los demás la buena nueva de que Dios “tanto amó al mundo que le entregó a su Hijo unigénito para que el mundo se salve por medio de él” (Jn 3, 16-17). Este es el auténtico sentido de la Navidad, que debemos siempre redescubrir y vivir intensamente. (Extraído de una homilía del Papa Benedicto XVI).

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