Cuarto domingo de Adviento 2015

cuarta vela de AdvientoEvangelio: (Lc 1,39-45)

En aquellos mismos días, María se levantó y se puso en camino de prisa hacia la montaña, a una ciudad de Judá; entró en casa de Zacarías y saludó a Isabel. Aconteció que, en cuanto Isabel oyó el saludo de María, saltó la criatura en su vientre. Se llenó Isabel de Espíritu Santo y, levantando la voz, exclamó: «¡Bendita tú entre las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre! ¿Quién soy yo para que me visite la madre de mi Señor? Pues, en cuanto tu saludo llegó a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Bienaventurada la que ha creído, porque lo que le ha dicho el Señor se cumplirá».

Comentario: Es inminente la llegada de la Navidad. La liturgia de hoy mira ya a Belén, “pequeña entre las aldeas de Judá”. El evangelio nos invita a contemplar a María. En su actitud de espera positiva, se pone en camino para ver a Isabel, que exclama con alegría al oirla: “¡Bendita tú entre las mujeres!” Los cristianos seguimos saludando hoy a María con las mismas palabras y confiando, igual que ella, en que se cumplirá la voluntad de Dios.

Ante el nacimiento instalado en la plaza del Vaticano, el Papa Francisco ha dicho: «Los invito entonces a detenerse ante el Pesebre, porque allí la ternura de Dios nos habla. Allí se contempla la misericordia divina, que se hizo carne humana y puede enternecer nuestras miradas. Y, sobre todo, desea mover nuestros corazones. Y es bello que en este Pesebre haya una figura, que representa el misterio de la Navidad. Es el personaje que cumple una obra de bien inclinándose para prestar ayuda a un anciano. No solo mira a Dios, sino que lo imita, porque como Dios, se inclina con misericordia hacia el necesitado».

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