Segundo domingo de Adviento 2015

trazoEvangelio: (Lc 3,1-6)

En el año quince del imperio de Tiberio César, siendo Poncio Pilato procurador de Judea, y Herodes tetrarca de Galilea; Filipo, su hermano, tetrarca de Iturea y de Traconítida, y Lisanias tetrarca de Abilene; en el pontificado de Anás y Caifás, fue dirigida la palabra de Dios a Juan, hijo de Zacarías, en el desierto. Y se fue por toda la región del Jordán proclamando un bautismo de conversión para perdón de los pecados, como está escrito en el libro de los oráculos del profeta Isaías: «Voz del que clama en el desierto: Preparad el camino del Señor, enderezad sus sendas; todo barranco será rellenado, todo monte y colina será rebajado, lo tortuoso se hará recto y las asperezas serán caminos llanos. Y todos verán la salvación de Dios».

Comentario: El Papa Benedicto XVI, comentando este texto evangélico, nos llama la atención sobre dos notas: la abundancia de referencias a las autoridades políticas y religiosas de la época, que revelan el propósito del autor de colocar a Jesús en el contexto histórico, y la presentación de la “Palabra de Dios” como una fuerza que desciende de lo alto y se posa sobre Juan el Bautista. En palabras del Santo Padre “este es el significado: la Palabra de Dios es el  sujeto que mueve la historia, inspira a los profetas, prepara el camino del Mesías y  convoca a la Iglesia. Jesús mismo es la Palabra divina que se hizo carne en el seno  virginal de María: en él Dios se ha revelado plenamente, nos ha dicho y dado todo, abriéndonos los tesoros de su verdad y de su misericordia“. (Ángelus del II Domingo de Adviento 2009). El próximo día 8, el Papa Francisco abrirá la Puerta Santa y comenzará el Jubileo de la Misericordia. Uno de sus centros será el Evangelio, donde se contiene la “Palabra de Dios”. No debemos dudar en acudir a ella diariamente, para experimentar la misma fuerza de lo alto que movió a San Juan Bautista en el desierto. Allanemos así el camino del Señor en nuestros corazones, en nuestra vida y en nuestra tierra.

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